7 de septiembre de 2018

La urgencia de la descolonización

“Oigo la tormenta. Me hablan de progreso, de 'logros', de la cura de enfermedades, de mejores niveles de vida. Yo hablo de sociedades a las que se ha robado su esencia de culturas que han sido pisoteadas vilmente, del menoscabo de las instituciones, de tierras confiscadas, de religiones aplastadas, de la destrucción de magníficas obras de arte, de todo un mundo de posibilidades extraordinarias que ha desaparecido para siempre”. – Aimé Césaire

Tal y como debaten nuestra Directora Ejecutiva Zohra Moosa y nuestra Directora de Programas Happy Mwende Kinyili en el episodio más reciente de nuestro podcast Té con Mama Cash, el colonialismo es uno de los muchos ejemplos de cómo el pasado sigue presente. El colonialismo da forma a la geografía humana de hoy en día, y es responsable de los patrones de migración entre antiguas colonias y países colonizadores. El colonialismo es el motivo por el que el inglés, el francés y el español tienen tantos hablantes (y la causa de que nos comuniquemos con algunxs de nuestrxs copartes mencionadxs a continuación en español, en lugar de en sus idiomas indígenas).

El colonialismo incluso influye en la supuesta universalidad del binarismo de género. El sistema de dos categorías de género opuestas y mutuamente excluyentes está generalizado no porque sea natural, sino porque los colonialistas reforzaron este modelo allí donde iban. Muchas culturas indígenas tenían sistemas de género diferentes, con categorías mucho más fluidas.

Lo mismo es cierto respecto a la heteronormatividad y la homofobia. La sección 377 del código penal indio, por ejemplo, que prohíbe “las actividades homosexuales”, fue introducida por los británicos. Afortunadamente, desde hace muy poco este legado de colonialismo ya no existe: después de más de 25 años de campaña en contra de esta ley opresiva por, entre otros, nuestras copartes y compañeras de Sappho por la IgualdadCMI! CREA, el 6 de septiembre de 2018, el Tribunal Supremo de la India anuló la ley.

Sin embargo, el colonialismo no solamente es la influencia del pasado en el presente. También se trata de un sistema que de muchas maneras nunca ha concluido. Por ejemplo, en las Américas los colonos asentados ocupan tierras arrebatadas y ejercen su poder sobre las poblaciones indígenas. Y, en otros aspectos, el colonialismo sencillamente ha cambiado su forma para adaptarse a los tiempos, si bien fundamentalmente la ideología del imperialismo (que justifica hacerse con el control de la tierra, los recursos y las personas) sigue intacta y no ha variado demasiado. Concretamente, el auge del capitalismo, un sistema económico basado en la propiedad privada y los beneficios, sirvió para avivar de nuevo el fuego. Al fin y al cabo, es un país mercado libre, ¿no?.

Independientemente de la terminología que se utilice, no solo estamos hablando de mera teoría. Empezando por América Latina, de donde proceden muchas teorías y prácticas de descolonización, tenemos un buen ejemplo de cómo se manifiesta el colonialismo en todo el mundo hoy en día, y de cómo resisten los grupos feministas con los que nos asociamos.

Mujeres que defienden las tierras
Las poblaciones indígenas de América Latina, que a principios del siglo XV fue colonizada por los españoles y los portugueses, se enfrentan actualmente a la invasión de sus vecinos de países como Estados Unidos, Canadá y China, a saber, grandes corporaciones norteamericanas que se instalan para realizar proyectos extractivos de minería en busca de metales, minerales, petróleo y otros recursos naturales. Estos proyectos no solamente pueden causar daños ambientales a largo plazo como la inundación de tierras o la contaminación del agua, sino que a menudo implican la apropiación ilegal de tierras ancestrales de poblaciones indígenas.

Estas afrentas afectan especialmente a las mujeres, ya que está en juego su autonomía e independencia económica. Pero las mujeres que defienden las tierras están plantando cara. Tomemos por caso Brasil: desde que los planes para construir la presa de Belo Monte en el río Xingu se anunciaron en 1975, la resistencia por parte de las comunidades indígenas ha sido durísima, puesto que la presa habría supuesto el desplazamiento de hasta 20.000 personas y habría interrumpido el suministro de agua y pescado para las personas de la región. Nuestra coparte Coletivo de Mulheres Regional Transamazônica e Xingu (CMRTX), una coalición de mujeres de diferentes colectivos de Altamira, Brasil, organizó durante años junto con otros grupos locales la oposición a la construcción de la presa.Y durante un tiempo pareció que todas sus estrategias, campañas y protestas dieron sus frutos: en 2016, una agencia ambiental suspendió la licencia de construcción de la presa, una decisión que, lamentablemente, fue revocada posteriormente. CMRTX y sus aliadas "continúan luchando por descolonizar nuestros territorios, aguas, bosques [y] culturas", nos dijo Antonia –miebra de CMRTX en un correo electrónico.


Muchos otros grupos que apoyamos defienden los derechos de las mujeres indígenas en relación con la justicia ambiental, lo que ha dado lugar a que nuestro programa temático de Justicia Ambiental crezca rápidamente. Entre estos grupos se encuentran la Red Nacional de Mujeres en Defensa de la Madre Tierra (RENAMAT) de Bolivia y el Consejo de Mujeres Indígenas y Biodiversidad (CMIB) de Guatemala. Merece la pena señalar que este tipo de trabajo puede costar la vida a las personas que defienden los derechos humanos, y de hecho así es. El asesinato de Berta Cáceres en 2016, quien protestaba contra un proyecto de construcción de una presa similar en Honduras, puso a la violencia contra las mujeres que defienden los derechos humanos y las tierras en el radar internacional, y demostró hasta qué punto las grandes corporaciones y los gobiernos son capaces de llegar para encubrir sus atropellos.

El colonialismo moderno continúa siendo un problema también en el continente africano. A principios del siglo XVI, cuando surgió el comercio de esclavos transatlántico, los países africanos sufrieron diversas formas de violencia y explotación por parte de los europeos, y el continente estuvo prácticamente colonizado en su totalidad en 1914. Pese a la oleada de movimientos en pro de la descolonización de la década de 1960, la apropiación de tierras sigue siendo una práctica habitual. La apropiación de tierras es la adquisición a gran escala de tierras que causa la desposesión de los habitantes indígenas y pone en peligro la seguridad alimentaria para el beneficio de inversores a menudo extranjeros. De nuevo, se observa cómo se infringe especialmente el derecho a la tierra de las mujeres; por ejemplo, en Nigeria muchas mujeres agricultoras han visto cómo les arrebataban sus tierras como consecuencia de planes de desarrollo para construir una plantación bananera. Para combatir esta situación, nuestro coparte-socio el Centro de Desarrollo de la Comunidad Lokiaka llevó a cabo una campaña con agricultores en cuestión contra la construcción de la plantación, la cual derivó exitosamente en la cancelación del proyecto.

Los puntos en común que comparten nuestrxs copartes de todo el mundo reflejan la preocupante realidad de que el colonialismo sigue siendo un fenómeno prácticamente global. En Indonesia, colonizada por los Países Bajos, nuestra coparte SERUNI también lleva a cabo campañas contra la apropiación de tierras, los proyectos de desarrollo destructivos y las plantaciones de aceite de palma; en Filipinas, país colonizado por los españoles y después por los Estados Unidos, nuestras copartes-socias AMIHAN Región de Mindanao Norte y la Red de Mujeres Indígenas BAI realizan iniciativas similares. El aumento de estas plantaciones corporativas se puede remontar a la creación de monocultivos para la exportación, implementados por dirigentes coloniales para maximizar sus beneficios. El monocultivo reduce la cantidad de mano de obra necesaria, lo cual a su vez reduce los costos de producción, pero conlleva consecuencias ambientales a largo plazo como la degradación del suelo y la pérdida de biodiversidad. Cuando se degrada la tierra, una empresa puede recoger y marcharse, pero los habitantes indígenas permanecen con pocos medios para su sustento.

Sin embargo, lo que todos estos grupos tienen en común no solo son los problemas que enfrentan, sino también su enfoque interseccional, que es, por necesidad el siguiente: únicamente conectando la justicia climática, los derechos indígenas, la igualdad de género y los derechos laborales pueden articular las realidades que viven, sus derechos y su visión de un mundo más sostenible e igualitario.

Creando otro lugar
En 2012, Eve Tuck y K. Wayne Yang escribieron un artículo para una publicación académica titulado “Decolonization is not a metaphor” (La descolonización no es una metáfora), en el que critican el creciente uso del término “descolonización” para describir cualquier proceso social orientado hacia la justicia que tenga como propósito mejorar la educación u otros ámbitos de la sociedad. En cambio, argumentan que la descolonización gira fundamentalmente en torno a la reparación: la compensación económica por los trabajos forzados y no remunerados y la devolución de las tierras robadas; únicamente este tipo de acciones tangibles permite la soberanía y el mantenimiento en el futuro de los pueblos indígenas.

Así, pese a que el término “descolonización” puede sonar abstracto y académico, para nuestrxs copartes - es más bien lo contrario: la descolonización es una práctica concreta, relacionada con problemas urgentes y reales. Estxs activistas feministas trabajan para crear un mundo en el que todas las personas tengan las mismas oportunidades y los recursos que necesitan para sobrevivir; un mundo en el que no exista el predominio racista y sexista; un mundo sin las lógicas coloniales nocivas de las dicotomías, las jerarquías y la explotación. Resistiéndose a este sistema, crean lo que Tuck y Yang llaman “otro lugar”, es decir, una realidad alternativa, no determinada por el colonialismo, sino más bien llena de posibilidades.