1 de noviembre de 2019

La justicia ambiental es una cuestión feminista

Erika Mandreza Sales
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Erika Mandreza Sales

Apoyo a los grupos y movimientos de justicia ambiental feministas en todo el mundo

¿Cuál es el interés feminista en la justicia ambiental? Es nuestra respuesta a la degradación de nuestro entorno. El capitalismo provoca un consumo masivo de los recursos de nuestro planeta para satisfacer un crecimiento económico ilimitado. Este crecimiento se logra a expensas del equilibrio ecológico del planeta. El cambio climático y el calentamiento global son varios de los efectos adversos que ya se pueden percibir actualmente. Estamos viviendo por encima de nuestras posibilidades y esto tiene un precio que hay que pagar. Sin embargo, las personas que actualmente pagan el precio se distribuyen de manera desigual por todo el mundo. Y aquellas que son menos responsables del cambio climático y la degradación ambiental son las que sufren el mayor impacto. 

¿A qué personas afecta más? A las mujeres, las niñas y las personas trans e intersex que no solo sufren los efectos del deterioro ambiental, sino también la opresión y la violencia que convergen en sus contextos. Esta situación también es cierta en el caso de los pueblos indígenas o con un componente racial o étnico de todo el mundo.

Entonces, ¿cómo se define la justicia ambiental? 

La justicia ambiental se refiere a la resistencia ante la degradación y las injusticias ambientales. Garantiza una vida saludable y el bienestar de las generaciones presentes y futuras. Trata sobre cómo mantener nuestras relaciones armoniosas con la naturaleza. La justicia ambiental reconoce que los recursos del planeta y la capacidad del planeta para renovarlos son limitados. Por ello, se esfuerza por conseguir el equilibrio ecológico y la justicia social. ¿Por qué? Para que las generaciones presentes y futuras puedan disfrutar de una vida con la naturaleza, especialmente las comunidades vulnerables al capitalismo, el colonialismo, el patriarcado y el racismo. 

La visión de Mama Cash sobre la justicia ambiental contempla que las mujeres, las niñas y las personas trans e intersex puedan hacer frente a las injusticias ambientales e implementar marcos alternativos justos desde el punto de vista del medio ambiente para vivir en un mundo sostenible. Mediante la concesión de donaciones y el acompañamiento establecemos contacto entre los grupos de justicia ambiental feministas y les prestamos apoyo. Creemos que el respaldo a estos grupos y movimientos es un medio duradero para poner fin a las desigualdades y las injusticias que viven millones de mujeres, niñas y personas trans e intersex. Apoyamos a grupos auto gestionados procedentes de comunidades históricamente marginadas. Son ellos quienes están más familiarizados con la situación que viven y los que tienen las soluciones. Si les damos recursos y apoyo, ¡pueden conseguir el cambio! 

Los grupos de justicia ambiental a los que Mama Cash presta su apoyo no se limitan a resistir; también generan alternativas con las que combatir la manera poco sostenible en la que funcionan las sociedades actualmente.

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Resistencia

Los grupos de justicia ambiental feministas hacen frente al abuso de poder de las empresas y del poder de los Estados. Defienden los territorios, las comunidades y el medio ambiente ante las industrias extractivas y los proyectos agrícolas y de desarrollo destructivos. Exigen justicia climática porque las personas que menos responsabilidad tienen en el cambio climático son las que sufren su mayor impacto. Mediante acciones de resistencia, desafían modelos de desarrollo y progreso orientados a obtener beneficios. De esta manera se oponen a poderosos actores como los gobiernos y las empresas. Luchan por su derecho a participar plenamente en la toma de decisiones que afectan a sus entornos.

Todas las personas que defienden el medio ambiente se encuentran bajo amenaza pero si estas son mujeres, niñas o personas trans e intersex sufren además violencia de género como, por ejemplo, violencia sexual, acoso, intimidación y asesinato. Las mujeres, las niñas y las personas trans e intersex que defienden el medio ambiente también son el blanco de ataques y casos de intimidación dentro de sus comunidades. 

Las organizaciones y las líderes indígenas de la Red de Mujeres Indígenas BAI de Filipinas resisten el desarrollo agresivo y la militarización del país, al tiempo que luchan por conseguir el liderazgo y la participación de las mujeres indígenas en la toma de decisiones de políticas y programas que afectan a las mujeres indígenas y el medio ambiente. En Nigeria, la asociación Wanel-aedon Development Association (Waneledon), un grupo de mujeres rurales de comunidades que dependen de los bosques, lucha contra la anulación de sus títulos de posesión de tierras a fin de construir una súper autopista. Mientras tanto, en Bolivia, mujeres indígenas, mestizas y campesinas de la Red Nacional de Mujeres en Defensa de la Madre Tierra (RENAMAT) de las provincias de Oruro, La Paz y Potosí del país, defienden sus territorios y luchan por los derechos de la Madre Tierra.    

Alternativas 

Los grupos a los que apoya Mama Cash aspiran a conseguir un mundo justo desde el punto de vista del medio ambiente y con este fin trabajan de diferentes maneras, en función de su ubicación. Así, diseñan alternativas al modelo extractivista lineal y universal del crecimiento económico. Varias de las ideas que tienen también surgen de las comunidades que han seguido viviendo de manera sostenible desde la llegada de las industrias extractivas y los proyectos agrícolas y de desarrollo destructivos. 

Los grupos de justicia ambiental feministas promueven alternativas basadas en la comunidad o en el poder colectivo y la solidaridad. Proponen cambiar la manera en la que nos relacionamos tanto con la naturaleza como con las mujeres, las niñas y las personas trans e intersex. La igualdad, la libertad y la interdependencia de los derechos deben prevalecer, en lugar de conceptos como la dominación. Los grupos a los que prestamos nuestro apoyo emplean sistemas y prácticas de toma de decisiones que son feministas, indígenas y locales. Fomentan conocimientos y prácticas que protegen el medio ambiente. Además, defienden soluciones al cambio climático como la energía renovable y la agricultura sostenible. 

En Mindanao Norte, Filipinas, agricultoras indígenas y campesinas de la AMIHAN Región de Mindanao Norte están implementando un programa para combatir el cambio climático que incluye la promoción del uso de semillas orgánicas en la agricultura sostenible. Una red regional de mujeres rurales activa en el movimiento por los derechos a la tierra del África meridional, la asamblea de mujeres rurales Rural Women Assembly (RWA), promueve la agro ecología, la agricultura resiliente al clima y la reserva de semillas, así como el impulso de la economía verde local. A su vez, en Guatemala, las mujeres indígenas y rurales del Consejo de Mujeres Indígenas y Biodiversidad (CMIB) se centran en dar valor a los conocimientos ancestrales y a la conservación al tiempo que presionan y defienden el medio ambiente a nivel nacional, regional e internacional. 

Mama Cash cree en el poder colectivo de los grupos y movimientos feministas por el medio ambiente. Los grupos que apoyamos contribuyen a garantizar una vida saludable y el bienestar de las generaciones presentes y futuras, y a mantener nuestras relaciones armoniosas con la naturaleza. ¡Su activismo feminista a favor de la justicia ambiental funciona! 

 

 

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